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lunes, 26 de agosto de 2013

En el colegio (II)



Y dijo: Pero bueno, bueno. ¡¿Pero qué haces tú por aquí?!

Joder, tío ¿qué tal todo? 

Bien. Hacía mucho que no coincidíamos.

Pues sí, ya ves. Unos dos años deben haber pasado ya.

¡Dos años!. Sí, es cierto. La verdad es que parece mentira lo rápido que pasa el tiempo.

Y que lo digas. Cuando éramos niños todo era más lento, pero desde hace unos años...

¿Cuántos años han transcurrido desde que dejamos el colegio? Quince o dieciséis ¿verdad?

Uf, no sé, yo creo que más. Espera... a ver... Madre mía, justo hace 20 años. ¡20 años! Cómo ha cambiado nuestra vida desde entonces. ¿Tú no echas de menos a veces...?

Sí, muchas. Todo era distinto. Oye, por cierto, hablando de los colegios. Una de las últimas veces que nos vimos dejamos una conversación a medias.

No sé, no recuerdo...

Sí, me estabas hablando de lo que sucedió cuando entraron chicas a tu colegio y el cambio que supuso. Pero te tuviste que marchar y no me contaste mucho.

Ah, sí. Es verdad. Jajaja. Joder, qué memoria tienes, leche. Cómo para prestarte dinero.

Pues ahora que lo dices...

No me digas  que te debo algo.

No, hombre, no. Era broma.

Uf, menos mal.
Pues sí, fue un cambio radical. Como te comentaba entonces, yo estuve desde 1º de EGB hasta 3º de BUP en el mismo colegio. Hasta 8º de EGB y desde la fundación del colegio en los años 60, siempre había sido un colegio de chicos exclusivamente. En algunas actividades extraescolares sí aceptaban a chicas, pero en el día a día convivíamos solo chicos.

Sí, eso fue lo que me explicaste en su momento.

El año que yo empecé a cursar 1º de BUP fue el primero en el que el colegio pasó a ser mixto. Imagínate, 1º de BUP. Yo siempre pensé que lo lógico hubiera sido que las chicas se hubieran ido incorporando al colegio desde primaria, no con catorce años. Aquello fue una revolución en nuestra rutina. Pero no solo en la de los alumnos. El cambio fue, incluso, mayor en los profesores.

Es verdad, me empezaste a contar que no se adaptaron muy bien a la nueva situación.

Ya te digo. En general, como te dije la otra vez, mi colegio impartía una disciplina en algunos momentos demasiado ruda y estricta. Los profesores eran bastante duros y la mayoría teníamos más miedo que respeto hacia ellos. Cuando entraron las chicas, no supieron cómo reaccionar. Estaban y estábamos acostumbrados a otro tipo de trato. No había ningún tipo de empatía. Ellos mandaban y nosotros obedecíamos. Si te tenían que dar un bofetón, pues te lo daban y punto.

Un poco violento ¿quizá?

Bueno, a ver, tampoco te creas que aquello era una cárcel, aunque, sinceramente, el edificio lo parecía. Y no te voy a negar que a menudo bromeáramos sobre ello. Pero es para que te hagas una idea. 
Cuando se incorporaron la chicas, profesores que usualmente hacían ciertos chistes y bromas, rozando, y sobrepasando en algunos casos, la falta de respeto, se empezaron a cortar muchísimo. Se les notaba. Iban a decir algo y, de repente, se callaban y, o bien cambiaban de tema o simplemente se quedaban como mudos.
Y en las notas. Cómo se notaba en algunos el tema de las notas. Estoy seguro que si alguna compañera de entonces me escuchara diría que no es verdad. Pero los chicos lo veíamos clarísimo. Era demasiado descarado.

¿En las notas también?

Sí, sí. Era tremendo. Claro, que no era lo más habitual. En general nos medían por el mismo rasero. Pero, fíjate, recuerdo una anécdota, para que te hagas una idea. 
Un profesor de matemáticas tenía por costumbre sacar a la pizarra de vez en cuando a varios alumnos. Nos preguntaba algo, nos calificaba y esa nota hacía media con el examen escrito. Siempre pensé que era una verdadera gilipollez por la forma en la que lo hacía, pero en fin, el profesor era bastante gilipollas, así que le pegaba perfectamente.

No le recuerdas con mucho cariño.

No, la verdad es que no. Pero a lo que iba. Sacó a varios, entre ellos a una de mis compañeras. Pues bien, mi compañera, por los nervios o lo que fuera, no supo hacer nada. Pero cuando digo nada, es exactamente eso. Nada. Dejó la pizarra en blanco. A otro compañero le preguntó tres cosas. Hizo dos bien y la tercera no la supo resolver. La calificación para mi compañero fue un 3. La de mi compañera...

Un cero.

Cuatro. Le puso un cuatro.

¡No jodas!

Como te lo cuento. Algunos no se atrevían a calificarlas como a nosotros. Pero era paternalismo puro y duro. Machismo, me atrevería a decir. En honor a la verdad, he de matizar que ciertas compañeras no llevaban bien esta situación.
Por supuesto, no era así con todos los profesores. No es que las regalaran el aprobado. No es eso. Pero sí que había en algunos profesores distinciones de trato muy marcadas.
Había casos y casos. Lo de gimnasia también tenía su miga. El profesor bajó la exigencia hasta límites absurdos. Era un tío que siempre había ido de chulo y de creído... Bueno, la verdad es que no dejó nunca de ser un chulo y un creído. Nunca nos había preguntado a nosotros (ni él ni ningún otro profesor, que yo recuerde) si nos apetecía desarrollar algún deporte o actividad en alguna de las evaluaciones. Pero unas pocas chicas, o no tan pocas, le doraban la píldora muchísimo y, sea o no por ese motivo, no se le ocurrió otra cosa que preguntar qué querían hacer en la última evaluación del curso. Baile. Nos obligó a crear una coreografía en grupos para aprobar la última evaluación.

Jajaja. No te imagino yo bailando. Alguna vez te he visto hacer algún paso y tal, pero entre colegas, nunca en público. Tuvo que ser un espectáculo. Yo quiero verlo ¿Está grabado?

Mi respuesta a tu curiosidad es sencilla. Es la única vez en toda mi vida que he suspendido la asignatura de gimnasia.

¿No lo hiciste?

No. Me negué. Pero no solo yo. Muchos compañeros se negaron. El profesor, visto lo visto, dio la posibilidad de que creáramos una especie de representación mímica o algo así, no lo recuerdo bien. Un grupo de compañeros intentamos hacer algo, pero lo dejamos por imposible. Tengo demasiado sentido del ridículo para eso. 
Pero lo que me sentó mal no fue que nos obligaran a bailar -que también-  sino la forma en la que sucedió.

Parece que no guardas un buen recuerdo de la incorporación de las chicas a tu colegio.

No, no. En absoluto. Yo tengo muy buen recuerdo de aquella época. Y especialmente de algunas compañeras. Todo esto que te he contado no fue culpa de ellas. La culpa fue de unos profesores que no supieron adaptarse a las nuevas circunstancias. Ellas simplemente convivieron con nosotros. En ese sentido fue una mejora. Nos modernizaron. Le dieron color a un colegio que era demasiado gris.Y tampoco creo que en algunos momentos fuera fácil. Ni mucho menos. Ten en cuenta que la primera promoción de compañeras sumaba unas 30, no muchas más. En un colegio de unos 800 alumnos... 

Madre mía. No tuvo que resultar sencillo, no.

A ver, yo creo que la mayoría de nosotros intentó que estuvieran cómodas y tranquilas. Hubo un gran respeto y educación hacia ellas. Pero siempre hay gañanes. Es inevitable.
Pero sí, yo recuerdo aquellos años con mucho cariño. Quizá la timidez que sufría entonces me impidió disfrutar más... 
Esto me lleva a recordar que tenemos otro tema pendiente.

Sí, no se me olvida. Pero ese es mucho más personal. 

La verdad es que sí. Y no te aseguro que lo retome. Lo siento. Hay etapas que se acaban. Y esa puerta está cerrada hace mucho tiempo. 

Bueno, si algún día te apetece...

Desde luego. No lo dudes. En fin, mira qué hora es. Siempre me pasa lo mismo. Estoy muy a gusto contigo y se me va el santo al cielo.

Muchas gracias. Sí, a mí también se me ha hecho un poco tarde. Dame un abrazo.

Hasta pronto.

Eso espero. Hasta luego.

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