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miércoles, 9 de febrero de 2011

¿Enamorado? ¿Se puede querer a dos personas a la vez?

Y dijo: ¿Qué tal? ¡Eh! ¡Eh! Oye que estoy aquí.

Ay, perdona. No me había dado cuenta.

¿Pero qué te pasa? Estás como atontado, tío.

¿Eh? ¿Qué? Ah sí, perdona. Es que... bueno... creo... ya sabes... me parece... que...

Joder, así me gusta, con decisión. Dispara de una vez.

Vaya, es que... creo... creo... que me he enamorado.

¡Ostras! Pues no deberías.

Ya lo sé. Pero no lo puedo evitar. Es que es tan dulce, tiene una cara tan bonita.

Joder, ya te has tomado una sobredosis de azúcar. Mira que te pones empalagoso cuando te gusta alguien.

Sí, pero es que además es tan alegre. Siempre con esa preciosa sonrisa. Siempre riendo, con esas melodiosas carcajadas. No sé, consigue que me ría incluso cuando tengo un mal día. No hay un momento en el que no tenga ganas de jugar conmigo. Nos divertimos tanto juntos.
También tiene su carácter, no te creas, pero no tiene mal fondo. Lo compensa todo con el amor que nos tenemos.
Es que además nos conocimos con las emociones a flor de piel. Y eso que quieras que no, siempre marca una relación. Fíjate si fue un momento especial, que cuando nos vimos por primera vez, estábamos los dos llorando.
Le quiero tanto que daría mi vida por él

¡Coño! ¿Por él? Esto es nuevo. ¿Eres gay?

¿Gay? No, no.

¿Entonces? No te entiendo. Dices que te has enamorado de él...

Jajaja, sí, de él, claro. Estoy enamorado de... mi hijo.

Jejeje, pero serás mamón.

sábado, 5 de febrero de 2011

Más recuerdos de mi infancia

Y dijo: ¿Qué haces tan sonriente?

Pues ya ves. Es una tontería, pero ayer estaba vistiendo a mi niño para llevarle a la guardería y, al ponerle el baby, me hizo recordar cuando yo era tan solo un poco mayor que él.

Recuerdos buenos, espero.

Sí, sin duda. La verdad es que era tan pequeño que apenas tengo memoria de aquellos años; pero lo poco que puedo rescatar, lo guardo con mucho cariño.

¿Serías capaz de contarme algo?

Bueno, me da un poco de vergüenza, la verdad.

Pamplinas. Ya sabes que esto queda entre tú y yo.

Está bien. ¿Me creerías si te digo que la primera vez que me enamoré fue entonces?

Imposible. Si estamos hablando de cuando tenías 3 ó 4 años.

Ya, ya. Sé que es difícil de entender. Pero es así. Qué le vamos a hacer. Uno siempre ha sido muy enamoradizo.

Eso no es del todo verdad. Siendo sincero. ¿Cuántas veces te has enamorado realmente?

Bueno... no sé... creo que podría decirse que tres.

¿Has visto? No son tantas. Pero sigue, sigue. ¿Qué puedes recordar de aquel primer... amor?

Poca cosa la verdad. Joder, que tenía entre tres y cinco años. Tampoco me pidas muchos detalles. Sí te puedo contar que tengo perfectamente grabado en la memoria un día, solo un día.
Estábamos en el recreo. Y yo estaba jugando con un grupo de amigos a algo que no recuerdo. Y ella se acercó. Me pidió que si podía jugar con nosotros.


Y dijiste que sí, claro.

Claro, claro... que no. Las mujeres siempre se me han dado mal. Parece que no me conoces. Soy un experto en cagarla. El caso es que mi respuesta fue que no, que no podía jugar con nosotros.

Pringao. Anda sigue.

Ella se alejó, pero no sin antes volver la cabeza para mirarme, con una mirada entre triste y decepcionada.
Esos ojos. Nunca he sido capaz de olvidar aquel instante, seguramente no fue más que un segundo de mi vida. Pero ahí está. Desde entonces, ahí está, es parte de mí.

Y... ¿nada más? No te quedes a medias.

Bueno, yo siempre he buscado algo más que una cara bonita. Supongo que es algo que no puedo evitar, porque lo que terminó de enamorarme de esa niña, lo que me descolocó por completo, fue lo que hizo muy poco después. Ese mismo día, al volver del recreo.
La profesora tuvo que salir un momento de clase, evidentemente no recuerdo para qué. Y pidió a la misma niña a la que había decepcionado minutos antes que cuidara que no habláramos para no molestar al resto de aulas. Le dio instrucciones de que si alguien decía una sola palabra, debía apuntarle en la pizarra para que luego ella tomara las medidas adecuadas cuando volviera.
Y, no te puedes imaginar lo que pasó.

Pues no. No tengo ni idea.

Lo que sucedió es que aprovechó ese momento para llamarme por mi nombre.

Digámoslo así, te dio otra oportunidad.

No, no. Jajaja, en absoluto. Me demostró dos lecciones que nunca olvidaré. Una, que las mujeres son muy malas y dos, que pueden conseguir lo que sea de nosotros.

Pero, ¿qué es lo que pasó?

Pues que al nombrarme, yo evidentemente, tonto de mí la contesté con un "¿qué?". Y ¿adivinas ahora lo que hizo? ¿No? ¡Me apuntó en la pizarra por hablar!


¡Toma ya! Venganza.

Sí, desde luego. Pero lo que ella nunca supo es que esa venganza duró años. Muchos años. De hecho, duró hasta que me enamoré de la que hoy es mi mujer. Nadie consiguió en todos esos años que me olvidara de ella. Mi mujer fue la primera... por eso hoy es mi esposa...  y porque ella quiso, claro.

¿Quieres decir que estuviste enamorado de esa niña algo menos de 20 años, sin volver a verla en todo ese tiempo?

Y, ¿cuándo he dicho yo que no la volví a ver?

Esto empieza a ponerse interesante.

No te creas. Nunca llegó a pasar nada. Pero... eso ya es... otra historia.